Muchos astrólogos se alejaron de la ciencia para seguir el camino de la psicología, en especial el trazado por el suizo Carl Gustav Jung (1875-1961).
En su libro "La interpretación de la naturaleza y la psique", Jung define la sincronicidad, con la que pretende explicar ciertos casos extraordinarios, "coincidencias significativas", imposibles de explicar causalmente.
La desviación del pensamiento racional iniciada muchas décadas atrás con el romanticismo y mantenida gracias al estudio de la psicología humana profunda, hizo que poco a poco el positivismo fuera menos dogmático y se abriera la posibilidad de que surgiera una nueva astrología. Una astrología que a finales del siglo XX ya era un verdadero "boom".
El alemán Johannes Kepler (1571-1630) demostró que los planetas recorren órbitas elípticas y opinó además, que las mismas leyes que regían en este sector del cosmos regían en todo el Universo. Señaló también la existencia de una fuerza que mantiene a los planetas orbitando alrededor del Sol, fuerza que explicaría la relación entre las fases de la Luna y las mareas. Galileo Galilei se burlaba de Kepler porque “había dado su consentimiento de que la Luna domina el agua”.
Kepler, como astrólogo que era, bien conocía la influencia de la Luna sobre el agua, ya que rige a Cáncer, signo de ese elemento. Y de hecho estaba doblemente en lo cierto. La burla de Galileo ejemplificaba en realidad como eran vistos los cultores de la astrología por los científicos de la época. Burla que hoy en día ejerce toda persona que se considera “racional”.
En la Edad Media, el poder de la Iglesia cristiana se encargó de disolver el desarrollo de las ideas filosóficas originarias del mundo griego. En el año 529 la Iglesia cierra la Academia de Platón en Atenas. Los conventos tuvieron el monopolio de la enseñanza, la reflexión y la experimentación “científica”.
Uno de los llamados padres de la Iglesia fue San Agustín (354-430), quien estudió astrología en su juventud, transformándose luego en su principal enemigo. Su crítica tiene tanto argumentos lógicos como espirituales. El golpe más fuerte lo da cuando toca el tema de los gemelos o los mellizos, y la abismal diferencia dada en el destino que viven. El determinismo de la astrología de la época chocaba con la idea del libre albedrío, núcleo del cristianismo. San Agustín sostenía que cuando los astrólogos hacían predicciones acertadas era porque estaban asistidos por demonios, deseosos de que las almas renuncien a su libre albedrío. Este pensamiento continúa aún hoy en muchas personas que ven pecaminoso el querer inmiscuirse en asuntos que van más allá de lo que entienden como “normal”, metiéndose en los asuntos de Dios. Tanto en ese
Por todas partes del mundo, los objetos de la naturaleza, sobre todo los ciclos basados en los movimientos celestes, han ejercido un particular foco de atención sobre los hombres: las marcas de caza de Marshack, el zodíaco de Susfana, svásticas tanto en Noruega como en Tiawanaco, Bolivia (5.000 A.C), el calendario solar de Heliópolis (4.241 A.C), círculos concéntricos en Bretaña (3.800 a.C.), ziggurats en Mesopotamia (3.000 a.C.), el observatorio astronómico de Stonehenge, Inglaterra (2.400 a.C.); son sólo algunos de los restos arqueológicos que así lo atestiguan.