A pesar de la ascendencia que la palabra tiene sobre la mente humana, muchas personas dudan de la eficacia del mantra o fonema místico para canalizar la energía mental y motivarse espiritualmente. Tal es el caso de un incrédulo personaje que estaba escuchando a un yogui que declaraba:
Dos hombres, habían compartido injusta prisión durante
largo tiempo en donde recibieron todo tipo de maltratos
y humillaciones.Una vez libres, volvieron a verse
años después.Uno de ellos preguntó al otro:
Un agricultor pacífico y tranquilo que vivía con su hijo
vio un día que su único caballo se había escapado del
establo. Los vecinos no dudaron en acercarse a su
casa y condolerse por su mala suerte.
- ¡Pobre amigo, qué mala suerte!, has perdido tu
herramienta de trabajo. ¿Quién te ayudará ahora
con las penosas tareas del campo? Tú solo no podrás
y te espera el hambre y la ruina.
Pero el hombre contestó:
- ¿Mala suerte? Depende...
Un hombre se presentó a un maestro y le dijo:
- Mi anterior maestro ha muerto. Él era un hombre
santo capaz de hacer muchos milagros. ¿Qué milagros
eres tú capaz de realizar?
- Yo cuando como, como; cuando duermo, duermo,
contestó el maestro.
Un hombre decidió cavar un pozo en un terreno que poseía.
Eligió un lugar y profundizó hasta los cinco metros, pero
no encontró agua. Pensando que aquel no era el sitio
idóneo, buscó otro lugar y se esforzó más llegando hasta
los siete metros, pero tampoco esta vez halló agua.
Decidió probar una tercera ocasión en distinto lugar,
y cavar aún mucho más, pero cuando llegó a los
diez metros, concluyó que en su terreno no había
agua y que lo mejor era venderlo.
Un hombre fue invitado a comer en la mansión de unas
personas muy ricas, y llegó al ágape ataviado con ropas
modestas. Al instante, advirtió que los anfitriones eludían
saludarlo y que los camareros evitaban servirlo. Como
vivía cerca, corrió a su casa y se vistió con una túnica
muy cara y lujosa. Así volvió al banquete, donde nadie
había reparado en su ausencia. A su regreso, los dueños
de la casa lo recibieron cortésmente y los criados
mostraron ante él grandes ademanes de respeto.
Llegado el momento de la cena, aquel hombre se quitó
la túnica y la arrojó en medio de los manjares.

Un erudito alquiló una barca para cruzar un río caudaloso.
Al recibirlo, el barquero se expresó con frases
gramaticalmente incorrectas. Después de corregirlo,
el erudito preguntó:
- ¿Tú no has estudiado gramática?
- No señor, contestó el barquero, soy un iletrado.
- ¿Tampoco sabes geografía ni aritmética?, volvió
a preguntar el erudito.
- No señor, nada de eso sé, respondió avergonzado
el aludido.
- Supongo que tampoco sabrás nada de historia,
literatura o filosofía, interrogó de nuevo
el hombre culto.
El distraído, tropezó en ella
El violento, la usó como proyectil
El emprendedor, la usó para construir
El campesino, cansado, la usó como asiento
El niño, la usó como juguete
Te deseo primero que ames, y que amando, también seas amado.
Y que, de no ser así, seas breve en olvidar y que después de
olvidar, no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así, pero que si es, sepas ser sin desesperar.
La felicidad no depende de lo que pasa a nuestro alrededor... sino de lo que pasa dentro de nosotros.
La felicidad se mide por el espíritu con el cual nos enfrentamos a los problemas de la vida.
La felicidad... ¡es un asunto de valentía!; es tan fácil sentirse deprimido y desesperado...